Homilía en la Misa Crismal 2017 Celebrada por Mons. Ozoria Acosta en la Catedral Primada de América

SENTIDO DE LA MISA CRISMAL.

Esta es mi primera misa Crismal que celebro con ustedes en esta Arquidiócesis de Santo Domingo. El sentido de la misa crismal es el mismo siempre: es una celebración diocesana, se reúne el Obispo con sus presbíteros, los diáconos, los religiosos, las religiosas y los fieles laicos en un sentido de comunión eclesial.

“La misa crismal, que el obispo celebra con su presbiterio, y dentro de la cual consagra el Santo Crisma y bendice los demás oleos, es como una manifestación de comunión de los presbíteros con el propio Obispo” (OGMR 57).

En este ambiente de “comunión eclesial”, nos reunimos para la consagración del santo Crisma y la bendición de los oleos, que se usarán en la administración de los sacramentos, la vida de la Iglesia.

“Con el Santo Crisma consagrado por el Obispo, se ungen los recién bautizados, los confirmados son sellados, y se unge las manos de los presbíteros, la cabeza de los obispos y la iglesia y los altares en su dedicación. Con el óleo de los catecúmenos, éstos se preparan y disponen al Bautismo. Con el óleo de los enfermos, éstos reciben el alivio en su debilidad”, reciben alivio y salud espiritual y corporal.

De ahí que, la misa crismal viene siendo un envío a llevar a Cristo, pues los sacramentos son la vida de Cristo en su Iglesia.

 

SACERDOCIO Y EUCARISTÍA.

 Hoy es el día de la institución del sacramento de la Eucaristía y el sacramento del Orden Sacerdotal:“Tomó una copa llena de vino, dio gracias y les dijo: Tómenla y repártanla entre ustedes”

(Lc. 22,17).“Después tomó el pan, dando gracias lo partió y se lo dio diciendo: Esto es mi cuerpo, el que es entregado por ustedes” (Lc. 22,19).

“Hagan esto en memoria mía” (Lc. 22,19).

Partimos del relato de la institución de la Eucaristía, para ver la relación profunda que hay entre estos dos sacramentos.

Recordemos las hermosísimas palabras de San Juan Pablo II, en su Encíclica Iglesia de Eucaristía:

“Si la Eucaristía es el centro y cumbre de la vida de la Iglesia, también lo es del ministerio sacerdotal. Por eso, con ánimo agradecido a Jesucristo, nuestro Señor, reitero que la Eucaristía es la principal y central razón de ser del sacramento del sacerdocio, nacido efectivamente en el momento de la institución de la eucaristía y a la vez que ella” (EE 31).

Suelo decir que estos sacramentos son gemelos.

San Juan Pablo II, nos dice también, que la Iglesia hace la Eucaristía y la Eucaristía hace la Iglesia. Lo mismo podemos decir de esta relación sacerdote- Eucaristía: “el sacerdote hace (celebra) la Eucaristía y la Eucaristía hace al sacerdote”. Esto implica, que sacerdote y Eucaristía, no pueden estar separados. Recordamos la insistente recomendación de los documentos de la Iglesia, en “la celebración diaria de la Eucaristía” (celebración diaria incluye días libres, incluye vacaciones).

Esta celebración tiene un sentido especial: sentido de unidad. Nos hemos congregado como familia Arquidiocesana: sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas, Institutos Seculares, laicos, en torno al obispo-pastor, signo de unidad en la Iglesia Particular. Me alegro de presidir mi primera misa Crismal; y pido al Señor que crezca esa unidad entre nosotros. Esta unidad, la deseo principalmente entre nosotros sacerdotes y diáconos, que con el Obispo, estamos llamados a vivir la fraternidad sacerdotal, estamos llamados a ser una familia.

 

LA MISIÓN DE JESÚS.

No quiero dejar de lado la Palabra de Dios que se ha proclamado. Tanto en la primera lectura del profeta Isaías, como en el Evangelio de San Lucas, se nos propone la misión del Mesías. Jesús proclama y asume su misión salvadora. Él es el Ungido y enviado a dar la buena noticia a los que sufren y vendar los corazones desgarrados. A proclamar la liberación de los prisioneros.

Por la ordenación sacerdotal, nosotros los pastores (obispos, presbíteros y diáconos) participamos de la misión de Jesús.

Son muchas las personas que sufren y son prisioneros de tantos males. Son muchas las familias que no viven en paz por la inseguridad, por la insalubridad y la falta de alimentación.

Ante todas estas realidades, nosotros, ungidos por el Espíritu de Dios, no podemos permanecer indiferentes, porque Jesús quiere realizar su misión a través de nosotros. Además, el pueblo espera de nosotros, una palabra de aliento, de esperanza y de vida.

En el día del sacerdocio y de la Eucaristía, oremos al Señor por las vocaciones sacerdotales, para que Él siga llamando y encuentre jóvenes generosos que quieran ser pastores según su corazón.

Ave María Purísima.

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