La dura crítica del Papa Francisco a los sacerdotes “seducidos” por el clericalismo

Misa
El Papa en la Misa. Foto: L'Osservatore Romano

El Papa Francisco comentó las lecturas del día en la homilía de la Misa que celebró en la Casa Marta y criticó el clericalismo de algunos sacerdotes, porque “aleja de la Iglesia”.

El Santo Padre, hablando de los sacerdotes y ancianos del pueblo de Israel, recordó que “tenían autoridad jurídica, moral y religiosa” por lo que “decidían todos”. Desarrollaban una especie de “prepotencia y tiranía hacia el pueblo”.

“Es una ley que han rehecho muchas veces: muchas veces hasta llegar a los 500 mandamientos. ¡Todo estaba regulado, todo! Una ley científicamente construida, porque esta gente era sabia, conocía el bien”.

“Pero era una ley sin memoria: habían olvidado el primer mandamiento que Dios ha dado a nuestro Padre Abraham: ‘camina en mi presencia y se perfecto’. Ellos no caminaban, se quedaron quietos siempre en sus propias convicciones. Y no eran perfectos”.

Según Francisco “habían olvidado los Diez mandamientos de Moisés” con “la ley hecha por ellos mismos” y así borraron “la ley hecha por el Señor”.

El Pontífice aseguró que la víctima fue “el pueblo humilde y pobre que confía en el Señor”, esos “que son descartados”. Se sienten “condenados”, “abusados” por “quien es vanidoso, orgulloso, soberbio”. Y “un descartado de esta gente” fue Judas.

“Judas fue un traidor, tuvo un pecado feo. Pecó fuerte, pero el Evangelio dice: ‘Arrepentido, fue a devolver las monedas”. “¿Y ellos qué hacen?”, se preguntó.

“’Pero tú has sido nuestro socio. Tranquilo. ¡Nosotros tenemos el poder de perdonarte todo! ¡No! ¡Organízate como puedas! ¡Es problema tuyo!’ Y lo dejaron solo: ¡descartado! El pobre Judas traidor y arrepentido no fue acogido por los pastores porque estos habían olvidado el significado de ser pastor. Eran intelectuales de la religión, aquellos que tenían el poder, que llevaban adelante las catequesis del pueblo con una moral hecha de su inteligencia y no por la revelación de Dios”.

Francisco continuó: “Un pueblo humilde, descartado y golpeado por esta gente”. Y también hoy día suceden estas cosas porque “existe el espíritu del clericalismo”. “Los clérigos se sienten superiores, se alejan de la gente” y “no tienen tiempo para escuchar a los pobres, a los que sufren, a los encarcelados, a los enfermos”.

El Santo Padre aseguró que “¡el mal del clericalismo es una cosa muy fea!”. “Es un tipo nuevo de esta gente. Y la víctima es la misma: el pueblo pobre y humilde que espera al Señor”.

“El Padre –continuó–  ha buscado siempre acercarse a nosotros. Ha enviado a su Hijo. Estamos esperando en una actitud alegre, exultante. Pero el Hijo no ha entrado en el juego de esa gente: el Hijo fue a los enfermos, a los pobres, los descartados, los publicanos, los pecadores, las prostitutas”.

“También hoy Jesús nos dice a todos nosotros y a todos los que han sido seducidos por el clericalismo: ‘Los pecadores y las prostitutas os precederán en el Reino de los Cielos'”, concluyó.

Lectura comentada por el Papa:

Evangelio

Mateo 25:1-13
1 «Entonces el Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que, con su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio.
2 Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes.
3 Las necias, en efecto, al tomar sus lámparas, no se proveyeron de aceite;
4 las prudentes, en cambio, junto con sus lámparas tomaron aceite en las alcuzas.
5 Como el novio tardara, se adormilaron todas y se durmieron.
6 Mas a media noche se oyó un grito: “¡Ya está aquí el novio! ¡Salid a su encuentro!”
7 Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas.
8 Y las necias dijeron a las prudentes: “Dadnos de vuestro aceite, que nuestras lámparas se apagan.”
9 Pero las prudentes replicaron: “No, no sea que no alcance para nosotras y para vosotras; es mejor que vayáis donde los vendedores y os lo compréis.”
10 Mientras iban a comprarlo, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de boda, y se cerró la puerta.
11 Más tarde llegaron las otras vírgenes diciendo: “¡Señor, señor, ábrenos!”
12 Pero él respondió: “En verdad os digo que no os conozco.”
13 Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora.

Fuente: www.aciprensa.com